martes, 20 de marzo de 2007

La "Mala Estandarización"

Ultimamente he vivido un caso que me ha puesto a pensar. Y es que, la empresa en la que trabajo se ha propuesto una colosal tarea: la automatización de un complejo laboral que tiene más de quince años trabajando de manera primitiva. Es decir, que tiene trabajando tanto tiempo con el modelo «Me contratas-Te produzco-Me pagas pero ya». El modelo más simple de producción que existe en la industria de la Construcción.

Ahora que la empresa EPI es la que consume el 87% de la demanda en el estado de Colorado, la misma se ha propuesto entrar al mundo de las organizaciones avanzadas y estandarizadas. Pero, ¿qué es lo malo de querer automatizar una empresa que aún se basa en el régimen familiar y centralizado? Ahí está el problema. Como decía Newton: «Toda acción, provoca una reacción... y toda fuerza reactiva se enfrenta a una fuerza contraria». Enfrentamos el miedo al cambio, la reacción de la «costumbre» y la obsolencia de querer seguir en el mismo camino.

Esto es lo peor que hay: La «Mala Estandarización», y no es ninguna película de Pedro Almodovar. La fuerza contraria que se opone a la Automatización, es el no querer automatizarse. Podemos abrir un paréntesis y explicar un poco la estandarización y sus beneficios:

Estandarización: La estandarización es el desarrollo sistemático, aplicación y actualización de patrones, medidas uniformes y especificaciones para materiales, productos o marcas, y no es un proceso nuevo, ha existido desde hace mucho tiempo y constituye un método excelente para controlar los costos de materiales, eliminar el número de proveedores y ayudar a la gente a identificar los productos en donde quiera que se encuentre.[1]

En mi carrera profesional, lo que he aprendido de la estandarización es, que lo más importante es «ser dócil». Y ¿a qué me refiero con ser dócil? Es a crear un buen criterio y una actitud predeterminada al cambio en el trabajador. Lo más difícil es, que sea la dirección la que no quiere «ser dócil». Las propuestas vienen a cambiar los procesos, pero la mejor manera de perder el miedo al cambio es que la dirección «predique con el ejemplo».

La dirección debe organizar, estudiar y asimilar los medios por los que ha de estandarizarse todo el proceso productivo y administrativo. Lo primordial de tener un proceso estandarizado es que ahorraremos tiempo, dinero y recursos humanos. No será necesario que nuestros procesos dependan de un especialista en ellos, así que no quedarán estancados por la falta de preparación. El tiempo se verá reducido porque los procedimientos serán únicos, simples y sencillos. Y la satisfacción del cliente aumentará por la rápidez y lo completo de nuestros servicios.

Para mí, es difícil observar cómo una empresa que «cotiza alto», se encuentra apenas en el duro camino de la «costumbre». No cabe duda de que hay de todo en la viña del Señor y, amigos míos, no importa que tanto dinero obtengamos. Lo importante es qué tan productivamente lo estamos haciendo. Hay que tener en mente el slogan de Bital -empresa bancaria fusionada en HSBC -«No es bueno ser grande. Es grande ser bueno»



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[1] Humberto Tafolla. Supervisor de Finanzas de P&G.

Tags: Estandarización, Gestión, Productividad

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